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Leer artículo completoEn menos de 48 horas, un técnico se pondrá en contacto contigo para acercarse a tu vivienda y valorar el estado de las humedades que tienes en casa.
Los problemas de humedades más comunes suelen ser tres: por capilaridad, por filtración lateral y condensación.
Cada una tiene un origen diferente: la capilaridad proviene de la humedad del subsuelo, las filtraciones se deben a entradas de agua desde el exterior, a través de los muros soterrados y la condensación viene dada por un exceso de humedad ambiental.
En algunos casos, pueden combinarse varios tipos de humedad, lo que requiere un diagnóstico preciso y una solución para humedades adaptada a cada situación. Con el tratamiento adecuado, es posible eliminar el problema por completo y evitar que vuelva a repetirse.
Por dónde aparece la mancha ya te da una pista. Si sube desde el rodapié formando un cerco y la pintura se abomba en la parte baja de la pared, lo más probable es capilaridad.
Si sale a media altura o siempre en la misma zona después de llover, apunta a filtración lateral. Y si lo que ves es moho negro en las esquinas, detrás de los armarios o alrededor de las ventanas, casi siempre estamos ante condensación. Dicho esto, a ojo solo se acierta a medias.
Las tres pueden convivir en la misma vivienda y una humedad mal identificada se trata mal. Nuestros técnicos usan equipos de medición para saber la humedad real que hay dentro del muro y de dónde viene ese agua. Esa visita no tiene coste.
Sirven para lo que sirven, que es poco. Una pintura antihumedad tapa la mancha unos meses y en bastantes casos empeora la situación, porque sella el muro y el agua que sigue entrando busca salida un poco más arriba.
El deshumidificador retira vapor del aire y puede aliviar una condensación leve, pero no hace absolutamente nada si el agua viene del terreno. Son parches. Mientras el origen siga ahí, la mancha vuelve.
La diferencia entre repintar cada primavera y olvidarte del asunto está en cortar la entrada de agua, no en disimularla.
El tratamiento en sí suele resolverse en una o dos jornadas de trabajo. Lo que lleva tiempo es el secado del muro, que es un proceso natural y no hay forma de acelerarlo. Una pared que lleva años absorbiendo agua necesita meses para soltarla, y ese plazo varía según el grosor, el material y las condiciones de la vivienda.
Por eso no rehabilitamos de inmediato. Volvemos, medimos la humedad residual y solo cuando el muro está realmente listo se repara y se pinta. Hacerlo antes es asegurarse de que la mancha reaparezca encima del trabajo nuevo.
Va a más, siempre. La humedad no se estabiliza sola ni se marcha cuando llega el buen tiempo. Primero se estropea el acabado, con la pintura levantada y el yeso deshaciéndose al tocarlo. Después empieza a afectar al propio muro, y ahí la reparación ya sale bastante más cara. En las viviendas con capilaridad y presencia de sales el material se degrada de dentro hacia fuera aunque por fuera parezca que aguanta. Y luego está lo que se nota a diario.
El moho y la humedad ambiental alta agravan alergias y problemas respiratorios, sobre todo en niños y personas mayores. Cuanto antes se corte el origen, menos pared habrá que reconstruir.